lunes, 24 de julio de 2017

Existencia

Elevó la mirada al cielo al tiempo que desfragmentaba la guadaña y la reincorporaba una vez más en su esencia.
Suspiró contemplando el campo de batalla. El silencio imperaba con sutil maestría.
Llevaba milenios ocultándose, centurias luchando a la sombra del conocimiento humano. El tiempo comenzaba a pesarle sobre los hombros.
Era tan solo una leyenda recordada por unos pocos. Podía desaparecer y nadie, salvo sus compañeros, lo sabría.
En el delicado equilibrio que sostenía su existencia, aniquilar a todos sus enemigos significaba enfrentar su propio fin, algo que le resultaba inconcebible. ¿Qué sería de él? ¿Qué les deparaba a los Guardianes una vez que abandonaban el plano terrestre?

“Estás preocupándote demasiado”, la voz de Reuen golpeaba suavemente en sus pensamientos.
—Reuen, no me vengas con regaños —comentó en voz alta, sabiendo que su amigo lo escucharía sin problemas.
“Toda vida es un ciclo. Me lo has dicho cientos de veces, pero parece que no te has aprendido tu propia lección”, no había enojo en aquellas palabras, sólo frustración.
—No entiendes… ¿qué será de nosotros el día que ya no tengamos Demons para exterminar? ¿Y si Nepen no regresa para ese entonces?
“Primero, si nos quedamos sin Oscuros que cazar, encontraremos otra tarea para cumplir. Segundo, Nepen te encontrará donde sea que te encuentres”. 
Reuen parecía más adulto de lo que en verdad era. Sólo él lograba que Liam demostrara sus emociones.

—Me preocupa morir. Me aterra no saber qué viene después —Liam hablaba con el rostro escondido entre las manos. Estaba sentado contra una pared de su casa, acurrucado con las rodillas contra su pecho.
“Vivir es el nombre que le dieron a la existencia en este planeta. Morir es abandonar este lugar y encontrar otro sitio donde continuar nuestra existencia”, el muchacho suspiró y guardó silencio un momento antes de continuar. “Tal y como antes de llegar a este lugar teníamos una existencia mucho más antigua”.
—Lo sé. Pero… nadie me asegura que Nepen y yo nos reencontraremos en el mismo plano una vez que terminemos nuestro trabajo aquí.
Reuen sonrío al sentir el miedo de Liam estremecer su propia piel y sacurdirle el corazón con fuerza.
“Procura dejar un rastro… has que tu vida sea recordada por tus logros. Los errores que hayas cometido quedarán a un lado, siempre sucede. Nepen sabrá encontrarte al igual que yo, siguiendo el sendero que nos hayas marcado”.
—¿Lo prometes? ¿Prometes que olvidarás mis miedos y equivocaciones e irás a mi encuentro? ¿Qué no me dejarás solo y a la deriva?
“Lo juro. Cuando te vayas, haré hasta lo imposible por aferrarme a tus recuerdos y buscarte en la siguiente vida. Ayudaré a Nepen y te encontraremos juntos. Volveremos a ser esta extraña familia que supimos formar”. Reuen deslizó su mano por el aire, trazando una caricia que llegó hasta su tutor sin problema alguno.

Liam levantó el rostro empapado en llanto y sonrió. Se sentía débil a veces, débil y solo, sin nada a qué aferrarse. Reuen los rescataba entonces, como en ese preciso momento.
—Vale. Entonces iré a darme una ducha y tomarte la guardia. Los Oscuros no se cazarán por sí mismos y hay mucho por hacer. No pienso irme todavía. No sin dar todo de mí y eso lo sabés, ¿verdad?
Reuen esbozó una sonrisa y asintió mirando el cielo. Liam tenía una manera muy particular de guardar las emociones bajo siete candados con tanta facilidad que podía parecer que la charla previa había sido apenas un sueño. Pero no pensaba olvidarla en absoluto. Algún día, aquellas palabras serían el impulso para salir a buscarlo…





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Este relato nació luego de enterarme de la partida de Chester. Linkin Park me ha acompañado en mis noches de escritura, ha sido el impulso para mi pluma miles de veces y le dio vida a El Ocaso de los Guardianes, porque casi todas sus canciones conformaban mi lista de reproducción mientras lo escribía.
Sé que mi amiga Chucho también sufre esta pérdida, así que el relato va dedicado a ella. No es mucho, pero es mi manera de abrazarla en la distancia.
Nos leemos pronto.

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