viernes, 24 de julio de 2015

Introducción: El Talismán de Poseidón

Las aguas se abrieron furiosas con la luna como único testigo. Poseidón emergió de entre las olas caminando, apoyado en dos piernas que le resultaban extrañas y ajenas. Llevaba bajo el mar al menos tres milenios y se había acostumbrado tanto a su aspecto como tritón que recuperar su cuerpo original le causaba escozor.
De espalda ancha y estrecha cintura, mostrando sutilmente músculos bien esculpidos y moviendo sus caderas de manera rítmica; Poseidón era un verdadero adonis de carne y hueso. Atrás habían quedado su larga cabellera rubia y su espesa barba. En su lugar, un peinado corto apenas dejaba adivinar las ondas del pelo y sus mejillas mostraban el indicio de una barba pronta a nacer, pero demorándose más de la cuenta. Parecía que, en luto por abandonar su querido reino, dejaba también la imagen que durante tantos años había mostrado a los humanos.

El Dios de las Aguas, hijo de Cronos y Rea y hermano de Zeus y Hades, solo tenía una razón posible para verse obligado a dejar sus dominios y adentrarse en el mundo humano: Sheirán. La última sirena viva había robado el Talismán de los Océanos, la gema que tenía el poder de convertir a simples mujeres en sirenas, con el fin de generar un ejército cuantioso y declararle la guerra.
Enterrados estaban los días de la Rebelión Sirénida, cuando el Dios del mar dio muerte a las sublevadas y dictaminó la persecución y caza de las sobrevivientes. Sheirán era la última, la única, y se las había ingeniado para ingresar a su castillo y robar su mayor tesoro. Ningún tritón fue capaz de detenerla a tiempo, incluso la guardia elite había fallado en su tarea de custodiar el Salón del Talismán. Poseidón enfureció al anoticiarse de lo acontecido y supo, sin pensarlo demasiado, que no tenía más alternativa que salir él mismo a buscar a la sirena, quitarle la gema y asesinarla.

Apretando los puños en un intento claro por contener su enojo para el instante propicio, el soberano Dios bufó por lo bajo. Su rostro, de rasgos suaves y curvilíneos, parecía endurecer más y más las líneas de expresión a medida que alcanzaba la costa. Su mirada de un característico y profundo color verde, recorría la playa que se extendía al frente, buscando las huellas que Sheirán debía de haber dejado al salir en busca de un escondite donde guarecerse.
Podía percibir el aroma de la sirena y sentir su presencia, aún cuando no tuviera a la vista rastro alguno de aquella criatura que había osado robarle tan importante tesoro. Estaba cerca, lo sabía. Pronto todo terminaría.

Mientras tanto, en la base de su cintura, un fino entramado de color turquesa con detalles en blanco y negro marcó presencia de manera casi imperceptible. Era la manera con que el mar le recordaba su deber como Rey y Soberano de las aguas oceánicas. Si al cabo de un mes, cuando el tatuaje se hubiera delineado por completo tomando la forma de feroces olas trepándole por la espalda, Poseidón no regresaba a su castillo, las aguas se elevarían de forma catastrófica y sepultarían el mundo conocido, destruyendo la civilización actual y dando pie al fin de la existencia humana en el planeta.

Tenía un mes. Un mes para ubicar a Sheirán, para hacerse con el Talismán y garantizar el equilibrio de los mundos terrestre y acuático. Pero algo le hacía dudar. En lo profundo de su ser, podía jurar que las cosas no resultarían sencillas ni serían como lo imaginaba. En breve lo descubriría...


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Nos leemos pronto!

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