lunes, 24 de noviembre de 2014

Un año sin Annie

Observo el cielo lleno de estrellas y me dejo llevar por el murmullo del mar.
Me he imaginado tantas veces en este lugar, en este punto de mi vida, hablándote de mis nuevos sueños y escuchándote animarme a seguir esos anhelos sin dudas ni titubeos. Las sonrisas, los regaños, todo sería válido y aceptable si viniera de ti.
Sólo me queda eso. Imaginar. El mar sabe muy bien la tristeza que llevo a cuestas. Sabe que no cargo con la angustia todos los días, sino que la entierro y desentierro de manera periódica.

No habrías tolerado mi llanto continuo, por eso encontré el modo de aceptar tu distancia. Cada mes, durante veintinueve días llevo la vida de siempre, o procuro hacerlo. Es muy difícil vivir alegrías y no poder compartirlas contigo. Y los malos momentos parecen pesar más, porque no estás para acompañarme.
Veintinueve días, entonces, vivo como si estuvieras acá y hasta llego a escribirte mails, con la terrible creencia de que vas a responderme. Pero el último día, cuando se cumple el mes, regreso hasta donde dejé escondida mi tristeza y la libero sin culpa.
Lloro, dejo que la nostalgia me domine, leo algún libro que me recomendaste hace tiempo o releo tus mensajes y comentarios en el blog. Trato de buscarte, de rastrear tu paso por mi vida, porque no me resigno a tomar como un hecho real tu partida.
Cuando el día va terminando, entierro nuevamente la tristeza, ya devenida en agonía atroz, y trato de dejarla tan profundo como me sea posible. El ciclo comienza de nuevo con mi regreso a la cotidianeidad de creerte conmigo, aunque no te vea ni escuche ni sienta como desearía.

Sé que esto que hago no debe de parecerte buena idea. También sé que lo aceptarías pensando que a la larga, aprenderé a vivir la situación de otra manera. Yo también lo creo. Pero aunque aprenda a no sufrir tanto, voy a seguir extrañándote. Es imposible no hacerlo.
Ya pasó un año, Annie. Te nos fuiste hace un año. Y no, el tiempo no ayudó en absoluto. Sólo permitió que quienes te conocimos descubriéramos diversas formas de aceptar tu partida.
Muchos de tus consejos se concretaron, tus proyectos han seguido con vida en otras manos, y hay sueños a los que nos animamos porque sabemos que, de tenerte aquí, nos impulsarías a seguirlos sin dudarlo.

Un año, amore. Con Huellas de Tinta aprendiendo a vivir sin tu dirección. Con un grupo de amigos que se siente familia. Con distancias que no se sienten porque la tecnología vuelve todo posible.
Un año. Sin tu presencia física. Sin tus charlas. Sin muffins. Sin humor ácido.
Y el mar sigue con su vaivén típico, recordándome que la vida continúa más allá de todo. Como vos siempre decías, preparándonos para algo que jamás vamos a aceptar.
Te extraño, amore. Tanto o más que antes. Te extraño, siempre. Y te quiero todavía más. Gracias por las huellas que dejaste en cada corazón que conociste. Gracias por las estrellas que nos enseñaste a observar y valorar. 

Siempre presente, amore. Siempre!

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Nos leemos pronto!

1 comentario :

Kyoko dijo...

Hermoso. No creo que ya haya pasado un año.