lunes, 10 de marzo de 2014

Las luces de la vida

Observó a la criatura que descansaba entre sus manos y reprimió un gemido.
—¡Mírate! Eres tan puro, tan inocente. Me pregunto si acaso alguna vez también me iluminó la inocencia. ¿Tuve oportunidad de ser bueno o nací corrompido y sin alternativa?
El pequeño exhaló un suspiro, acomodándose en los brazos de su inesperado custodio.
—Tienes todas las luces de la vida, aún cuando sólo lleves unas horas en el mundo. Yo, en cambio, no guardo más que pesadillas y oscuridad. No me agrada, pero es así. Creo que cada uno tiene un papel para interpretar y a mí, esta vez, me tocó ser el villano.
Con cuidado de no perturbarle el sueño, se puso de pie y caminó rumbo a la carretera. Debía llegar a la casa más cercana antes de que el frío amenazara la existencia del niño.
A su lado, corría peligro. Él era lo violento y oscuro, pero no pensaba decirlo en voz alta. Sabía, simplemente, que tenía que encontrarle un hogar antes de que la noche cayera.




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Nos leemos pronto!

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