jueves, 3 de octubre de 2013

La Gema Imperial: Capítulo 1

“El cielo habrá de desgarrarse en cientos de resplandecientes gajos. La tierra temblará entonces. Todo cambio precisa una revolución que lo inicie y alguien fuerte que lo controle y conduzca”.

Killan despertó sobresaltado. Poco tardó en comprender que la mullida cama donde se encontraba distaba -y mucho- del callejón donde había caído malherido.
Una muchacha de cabellos castaños lo contemplaba en silencio con una sonrisa a medias dibujada en el rostro. Aunque parecía tener la misma edad que él, la joven guardaba un extraño brillo en la mirada, como si acaso todas las edades del tiempo tuvieran sitio allí, en aquel par de ojos oscuros y misteriosos.
—Por fin despiertas —dijo acercándose con cautela— ¿Cómo te sientes?

Killan la observó en silencio, sin saber cómo reaccionar. Los últimos recuerdos que guardaba llegaban lejanos a sus pensamientos. Podía verse a sí mismo corriendo desesperadamente por las oscuras calles de la ciudad, sin nadie capaz de ayudarlo a escapar de sus persecutores.
Los golpes a diestra y siniestra llegaron sin que tuviera modo de evitarlos. Eran demasiados, todos contra él, y la carrera le había arrebatado la poca energía que tenía para sobrevivir.
Había llegado a pensar que ese sería su final. Lo creía de veras. Sabía que no era el personaje principal de ninguna historia fantástica. Solo era un adolescente común y corriente, a la deriva y sin familia que saliera en su defensa cuando los problemas se presentaban.

—Hey, ¿me escuchaste? ¿Te sientes bien? —la voz cristalina lo hizo volver a la realidad.
La muchacha lo miraba fijo, con un deje de preocupación en el semblante.
—Sí, no te preocupes —dijo en un tenue murmullo—. Estoy bien… gracias a ti, ¿verdad?
—Yo solo te encontré tirado en la calle y te traje aquí tan rápido como pude. Creí que no lo lograrías; tus heridas eran muy graves.
—Gracias —Killan desvió la mirada, incapaz de tolerar la idea de haber estado a un paso de la muerte y haber sobrevivido casi por milagro.
—¿Tienes familia a quien llamar? ¿Alguien que pueda hacerse cargo de ti?
—Mis hermanos fueron mis verdugos, si saben que estoy vivo, la próxima vez concluirán su trabajo sin dudarlo.
La joven ahogó un gemido, sorprendida por aquella revelación y por la resignación que mostraba su protegido.
—Bueno, entonces está decidido. Te quedas a vivir aquí y listo —indicó sonriendo y le tendió la mano— Por cierto, me llamo Erzengel, pero mis amigos me dicen “Erz”. Y tú debes de ser Killan, a juzgar por los documentos que llevabas encima cuando te encontré.
Killan asintió, contagiándose un poco la sonrisa, y correspondió al saludo descubriendo en ese instante que su cuerpo no  mostraba signo alguno de la paliza que había recibido.
—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? —preguntó sorprendido.
—Pocas horas. Ya casi amanece y era medianoche cuando te encontré.
—Esto es raro… —susurró mirándose las manos. Recordaba perfectamente el golpe de su hermano mayor, un ataque brutal que le había destrozado la mano y lo había obligado a gritar como un desalmado.
—Deja de preocuparte por cuestiones de menor importancia. Estás bien, a salvo y sin secuelas graves luego de la pelea…
—Ataque. Eso fue un ataque. En una pelea ambas partes luchan, yo no pude ni hacer el amague para defenderme.
—Como sea. Estás aquí, estás vivo y solo eso debe motivarte a seguir.
—Lo haces sonar como algo bueno… y no lo es en absoluto. No debería seguir respirando.
—Yo te necesito. Preciso que vivas, que tengas la fuerza para ayudarme a lograr cierto plan que tengo. Confío en que te harás del valor suficiente para colmarte de vida y devolverme el gesto de haberte salvado.
Killan observó a Erzengel en silencio, sorprendido por aquella revelación.
—¿Ayudarte? Creo que te equivocaste de persona.
—En absoluto. Pero no es momento de hablar del tema. Debes descansar primero. Ya habrá tiempo después para analizar la situación y ver qué tan viable es mi idea contigo participando de mis proyectos.

El muchacho escuchó aquellas palabras con la confusión dominándolo al tiempo que el sueño le ganaba de mano. No sabía si estaba cansado en verdad o si la joven que lo cuidaba era algún tipo de criatura mágica que con solo mencionarlo podía hacerlo dormir. De cualquier forma, poco tardó en caer en un letargo profundo e incómodo.
Miles de imágenes golpeaban sus pensamientos, al tiempo que su cuerpo ganaba la vitalidad perdida horas atrás. Le pesaban los huesos, le ardían los músculos, aunque momentos antes pensara que no había cicatrices ni marcas de los golpes recibidos.
Y en pleno sueño, un rayo de lucidez lo sacudió con fuerza. ¿Quién era Erzengel? ¿Debía temerle? ¿Cómo era posible que una simple muchacha hubiera cargado con su cuerpo moribundo hasta un lugar seguro?
El temor se apoderó de un Killan vulnerable y susceptible, mientras la oscuridad lo cubría con su manto y lo sumía nuevamente en la profundidad de los delirios oníricos.

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Erzengel suspiró y relajó la postura nada más verificar que su protegido dormía preso del hechizo que había convocado.
El muchacho tenía razón, no parecía haber rastros de heridas en su cuerpo, pero eso solo se debía a los sellos que le había implantado antes de hacerlo reaccionar.
Los Ángeles tenían ese poder, aunque ya no lo aplicaban. Los Primeros Nacidos, como Erze, eran eximios maestros de la magia y podían asesinar a alguien usando una simple pluma de sus alas tanto como eran capaces de salvarle la vida con un roce de sus manos.
Nunca se había imaginado en una situación similar. Luego de milenios luchando contra los Demonios, Erzengel había contemplado cómo su poder aumentaba y alcanzaba límites increíbles, convirtiéndose en un Anoi. Pero sus compañeros, que evolucionaban a la par, ya no mostraban interés por la humanidad y parecían anhelar la extinción total de los mortales.
Solo por eso había tomado forma humana. Solo por eso aparentaba ser lo que no era. Nunca antes había adquirido aspecto femenino y eso le incomodaba, aunque la preocupación mayor radicaba en el plan que se había propuesto y en la ayuda que precisaba para cumplirlo. La profecía debía cumplirse. Era tiempo ya de dejar en manos mortales la suerte de mundo…




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Les gustó? espero sus comentarios!
Nos leemos pronto!

2 comentarios :

-Bess- dijo...

Bueno.. Lo primero, lo bueno: me encantó cómo comenzó. La poesía inscrita en las palabras, la historia de Killian...

Pero no me acaba de convencer por el personaje de Erzengel, que se lanza demasiado rápida, y todo lo hace precipitadamente. Quiero decir, hay personajes (y personas) que se comportan así, pero lo que se ve no es que el personaje sea impulsivo, sino que la acción en sí se ve atropellada. Y no me acaba de quedar claro el final tan misterioso que quisiste dejar acerca de los ángeles.

Besos

ana gabriela espinosa rodriguez dijo...

rayos!!! cada ves que leo algunos de tus historias se me enchina la piel espero que se pueda concluir rápido... pero eso ya lo veras tu.
como sea gracias por tus historias.