sábado, 28 de septiembre de 2013

Inevitable

Hubo un instante -mínimo y a la vez sublime- cuando desvió la mirada del horizonte y dirigió su atención a la muchacha que lo acompañaba.
Su sonrisa, su fascinación al contemplar el océano, la forma de peinarse los cabellos con las manos. Cada gesto, por muy pequeño que fuera, le atraía de una manera inexplicable.
Entonces lo comprendió y el descubrimiento de aquella verdad lo hizo estremecerse: en algún momento, sin darse cuenta, se había enamorado de ella. La amaba con tanta fuerza, que incluso el mar respondía a sus emociones y eso lo asustaba. 
Lo aterraba por completo la simple idea de verse relacionado con una humana. No podía permitirse tal vulnerabilidad. Él era Poseidón, Dios de los mares, y ya había padecido lo suficiente.
Volvió la atención hacia las aguas que se movían nerviosas en reflejo a sus pensamientos y suspiró. Debía ser sincero consigo mismo y aceptar la realidad. 
No podía alejarse de ella. Su corazón había decidido por él. 
Tampoco podía estar a su lado. No pensaba convertirla en sirena, eso significaba romper las reglas, reglas que él mismo había creado y por las cuales todas las ninfas acuáticas habían perdido la vida.
Estaba en una encrucijada y no tenía dónde correr. 
Poseidón estaba acorralado. El gran Dios no tenía escapatoria, o al menos no veía camino por el cual no salir herido o lastimar a la mujer que lo había conquistado sin pretenderlo.


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Nos leemos pronto!

1 comentario :

Lulai Leo dijo...

Magnifico!! Siempre que dejas otra frase me dan mas ganas de leer a tu dios de los mares. Yo siempre ansiosa :P