lunes, 8 de julio de 2013

Un ángel más en el cielo.

Y ocurrió que el ángel, un día, se descubrió en el mundo de los humanos, sin alas y sin memoria.
Durante mucho tiempo, el ángel caminó junto a los hombres, formando parte de una familia y ganando amigos con suma facilidad. 
Él tenía la sonrisa mágica, de esas que curan toda tristeza y llenan de fe al menos creyente.
Quienes conocían al ángel veían cómo sus vidas cambiaban sin poder encontrar justificativo y es que el ángel sin alas parecía un humano más y nadie sabía su verdadera naturaleza. 
Allí por donde el ángel pasaba, la alegría se hacía presente sin que la llamaran. Él convertía en posible lo imposible, porque sabía leer el corazón de los hombres y descubrir en la oscuridad de la humanidad la luz de la maravilla eterna. 

El tiempo pasó... el ángel, que supo ser niño y adolescente, entró en el mundo de los adultos y no ocurrió como él lo esperaba: un día, sin aviso ni anestesia, el ángel descubrió que las alas que había perdido volvían a nacer. Aquello no lo alegró ni mucho menos. En sus años junto a su familia, había aprendido a amar como humano, entregando el alma con cada latido del corazón. Había ganado hermanos que no compartían su sangre, pero sí poseían una luz que él sabía sublime. Emprender vuelo significaba una tristeza muy profunda para él. 
Con el llanto cubriendo sus mejillas, el ángel comprendió que su tiempo en el mundo concluía. No podía resistirse, pues sabía que, si ya había llegado su momento era porque lo precisaban en otro sitio.
Logró, a base de ruegos y más lágrimas, ganarse algo de tiempo extra para despedirse de todas aquellas personas que amaba y con quienes había sido feliz. 
A medida que cumplía su necesidad imperiosa de recordarles a todos cuán importantes eran para él, sus alas cobraban más fuerza y luminosidad, aunque solo él podía notarlo.
Y llegó el momento, en una fría mañana de invierno, cuando el ángel supo que ya no podía quedarse en la tierra. Era tiempo de partir y regresar a su verdadero hogar, sin importar la tristeza de quienes lo conocían, sin pensar en cuánto extrañaría a su familia y amigos.

Había convertido en luz muchas sombras, aunque no lo sabía por completo. Había logrado, con su ejemplo, motivar e impulsar a muchos y se había quedado en el corazón de todos los que lo conocían, aunque no imaginara la totalidad de su poder y fuera, para ese entonces, un ángel más en el cielo.



Todavía me duele aceptar que el ángel emprendió vuelo.
Y si escribo es porque solo sé liberar la angustia de esta manera.
Quienes te conocimos, nunca podremos olvidarte!

4 comentarios :

Athena Rodríguez dijo...

¡Precioso!

No hay más palabras...

Gracias por hacernos parte de tu sentir.

Besos y abrazos.

Tania Yesivell dijo...

Es doloroso tener que aceptar que un ángel no se puede quedar... Pero en el lado positivo: estuvo. Y aunque nunca nos parece así, estuvo el tiempo suficiente.

Anónimo dijo...

Realmente hermoso...

Celeste c dijo...

Que lindo :) me gusta tu blog :) te sigo.. te invito a pasar por el mio cuando quieras :)