domingo, 2 de junio de 2013

Una caída perfectamente literaria

El viento se lleva consigo los restos de lo que alguna vez fui.
Ya nada queda y lo poco sobrante no me dará la vida que preciso.
Maldito el día que caí, malditas mis alas por haber perdido su pureza.
Una lluvia de plumas me envuelve y desgarra, como si acaso al perderlas se me fuera la existencia.
Ya no anhelo luchar. Los estandarte hechos jirones danzan con la brisa del aire inquieto. De reojo alcanzo a percibirlo. El murmullo de la tierra ante mis pasos, el brillo atenuado del sol que cae cerrando el día y mi espada, teñida de rojo y ansiosa por continuar su trabajo, que gime en mi mano sabiendo que no volveré a usarla.
Me supe Ángel, enfrenté mil Demonios y caí por una simple humana que supo robarse todas mis emociones.
Soy ahora el triste envase de lo que alguna vez supe ser.
Nada me devolverá la gloria. Nadie podrá salvarme y, a decir verdad, tampoco quiero que me rescaten.
Debo pagar en la justa medida cada error cometido, aunque eso signifique desgarrarme en piel y carne, desangrarme y perderme en la noche de los tiempo.
Soy un Primer Nacido, o lo fui alguna vez. 
¿Qué queda de mí? este resto que ahora ves... una sombra errante que vagabundea sin rumbo fijo ni meta añorada.
Ya llegará mi revancha, o así quiero creerlo. 
La perdí, perdí a quien amaba, y esa angustia jamás se borrará. Tampoco me veo capaz de olvidar mis años de batallas arduas y afrentas feroces. Pude ser sublime en mi tarea de destruir seres malditos. Y así de sublime, también caí. Una caída perfectamente literaria, de esas de las que luego todo escriben y generan novelas cargadas de emociones y drama. 
Quisiera que el viento me arrastre a su ritmo, pero es imposible. Camino sin saberme dueño de mí mismo.
No me reconozco, no puedo encontrar en mí una mínima partícula de lo que alguna vez fui.
Me llamo Erzengel, soy un Ángel Caído. En algún lugar, mis hermanos deben de estar buscándome. No me encontrarán, sé muy bien cómo huir de ellos.
Esta realidad, este mundo, no son para mí. Maldita la hora que conocí a Sofía...
  


~*~*~*~


Inspirado en War, de Poets of the Fall, gracias a Max Bravo. 
Nos leemos pronto!

1 comentario :

Bilingord dijo...

Que bien que escribís turra (jeje)
No puedo dejar de recordar la primera vez que leí tus novelas sobre Erzenguel.

Una pequeña confidencia que vale la pena contar.
Cuando empece a leer tu blog estaba en uno de los peores momentos que pueda recordar. Todo torturado por recientes ataques de Pánico que me dejaron turuleco dos años o un año y medio...

Cuando leía tu blog, a la noche me hacia una sopa o algo calentito (estabamos en primavera creo) y leía las novelas lleno de satisfacción escuchando Lorenna Mckennit. Era realmente uno de los pocos momentos, en ese entonces, que encontraba un poco de paz en mi aterrado cerebro.
Concerte en la feria el otro dia fue igual de increible. Como se siente uno cuando conversa con un amigo de hace muchos años, a pesar de que era la primera vez que les veia la cara a todos. Me hizo muy feliz.
Por mil novelas más!