sábado, 25 de mayo de 2013

Adictos a la Escritura: Mayo musical

Gulliver

[Relato basado en la canción Gulliver, de Miguel Bose]

Levantó la mirada y contempló, extasiado por la carga misma de la atmósfera, el horizonte teñido de rojo.
De rodillas, con las manos envolviendo la empuñadura de su espada, depositando sobre la pieza metálica el peso completo de su cuerpo, gimió por lo bajo. No había fuerzas en él, ni un dejo siquiera de aliento y brío para levantarse y retornar a casa.
Aquí y allá, los estandartes bailaban con el viento. Tristes harapos que mostraban  agónicos la majestuosidad que alguna vez habían sabido guardar.

A duras penas soltó la espada y se dejó caer hacia atrás. No reaccionó cuando su espalda dio de lleno contra el suelo, tampoco cuando su cabeza impactó en el terreno arcilloso y un sonido seco resultó del golpe desplomado.
Era responsable, lo sabía bien, del modo en que la batalla se había desarrollado.
Había jurado no permitirse caer, no abandonar el campo hasta saber a su bando ganador de la contienda. Por eso, cuando comenzaron a desplomarse uno a uno sus compañeros, no pidió retirada ni intentó socorrerles; muy por el contrario, dio voz en alto de reforzar el ataque y continuar en sus puestos a los pocos que quedaban vivos  y aptos para luchar.
Sus oponentes no resultaron ilesos. La bravía que transmitía tanto con palabras como con acciones le había permitido robarse varias vidas, aunque llevaba las de perder: los otros eran más y estaban mejor preparados.

Parpadeó lentamente. Una, dos, tres veces. Las imágenes de lo acontecido recientemente golpeaban sus pensamientos con ferocidad lacerante. El enemigo se había retirado sabiendo que él quedaba solo, inmerso en el delirio que lo dominaba desde el momento que había comprendido que ninguno de los suyos regresaría con su familia ni tendría un nuevo día para ver salir el sol.
Herido y desesperado, viendo la sombra de la noche que amenazaba con volverse eterna, solo atinó a gritar. Fuerte, tan fuerte como sus cuerdas vocales se lo permitían dada la situación. Y se supo perdido, más perdido y abandonado que nunca.

Sospechaba, no con poca razón, que se había salvado solo para cargar con la angustia de conocerse responsable de la muerte de su batallón completo.
Le dolían cuerpo y alma, como si la desolación golpeara allí donde más vulnerable y vencido se percibía, pero el llanto no nacía, no había lugar para tal demostración de angustia.
El mundo se desdibujó ante sus ojos y se apagó con lentitud enfermiza.
No pensaba regresar a casa. No tenía motivos, posibilidades o anhelos. El olvido devoraría lo que restaba de su existencia… nadie recordaría su nombre siquiera.  


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Les gustó? espero sus comentarios!
Nos leemos pronto!

9 comentarios :

Raquel Campos dijo...

Hola Erzengel!!!!

Me ha encantado el manejo del dolor ante la batalla y la desolación. Me gustan mucho las escenas de batallas y me parece que lo has hecho de forma fantástica.
No conocía la canción!!!

Besos!!

Athena Rodríguez dijo...

¡Apoyo totalmente a Raquel!

Oye, Erze, es que nos consientes demasiado: nos regalas grandes momentos, ni siquiera R. R. Martin lo hubiera hecho mejor (eso te lo puedo asegurar).

¡Me conoces bien! Agradezco el contexto, el retrato de la decadencia y del triunfo a la vez; la valentía y el honor nunca son poca cosa.

De nueva cuenta, gracias por compartir tus letras.

¡Besos y abrazos!

KASS FINOL dijo...

Triste, pero hermoso. Tu tienes esa capacidad, esa de en pocas lineas sacarnos de la realidad porque describes siempre muy bien los sentimientos.

Dora Ku dijo...

Erzengel: Con tu relato pienso en los heroes ignorados. En los que se quedaron en el campo de batalla y de los que ni siquiera se supo su nombre.
Gracias por recordalos con tan buena narración.
No sé si tu blog tiene la opción de los videos, ya que ir a You Tube a ver y oir el tema, distrae un poco de leer. Ojalá pudieras incluir los temas musicales en tu blog.
Cariñosamente: Doña Ku

-Bess- dijo...

Impactante. No es una historia al uso, de final feliz, y todos comieron perdices. Y por eso creo que me encantó. De todas formas posiblemente me hubiera gustado por la forma en que está escrita, y los sentimientos que transmites: la desesperación que se puede leer en la persona del protagonista, la fuerza de la batalla y el dolor. Besos

Nikto dijo...

Maravilloso y emotivo, poético y triste final. Me lo contaste de una manera que la pena se me hizo mía por el breve instante que duró la lectura. Me encantó!!

Catapzia dijo...

Me encantó!
Sentí perfectamente la idea del relato, me transportaste directamente al campo de batalla y a la impotencia de la culpa.

Cariños
Catapzia

Anuca dijo...

Erzengel, adoro tu prosa en esta temática que para mí resulta tan difícil. Tus héroes, tus ambientaciones... Contigo siempre viaje a un mundo de fantasía, o de cruel realidad ;)
Enhorabuena.
Un besito

Déborah F. Muñoz dijo...

Me encanta, le has dado muchísima fuerza al relato.