viernes, 18 de mayo de 2012

Furia

Gruñó desde lo profundo de su pecho. Enceguecida por el odio, movió su espada prolija y letalmente.
El filo del arma se clavó en las carnes de su enemigo, atravesando piel y músculo, destrozando incluso huesos.
La furia la consumía e impulsaba de una manera sin igual. Su oponente no saldría con vida, eso podía asegurarlo. Pensaba matarlo con lentitud morbosa, verle sufrir sería uno de sus mayores premios.

Cuando lo posees todo y se atreven a robarte lo que más amas, cuando osan atacarte en el único punto en que eres vulnerable, es posible que tu alma se corroa, movida por el único deseo de clamar venganza.

No importó cuántas súplicas dio el caído mientras su cuerpo se despedazaba. No valieron las promesas ni las juras de retribuir lo sustraído. Nada valió, sólo ver fallecer al maldito ladrón de sueños...
Sabía que su tesoro no volvería a ella, que no había manera de recuperarlo. Por eso se había cobrado la afrenta de la peor manera. Y faltaba más, todavía. Quedaban los cómplices del acto y los mudos testigos que se habían negado a colaborar.
Uno a uno caerían. La furia la incitaba. Toda ella era furia ahora.




Nos leemos pronto!

1 comentario :

Tania Yesivell dijo...

Le pasa por no fijarse a quien le roba... y qué está robándole.