sábado, 1 de octubre de 2011

La Emoción a Flor de Piel (5): Recuerdos especiales



No puedo explicar las razones totales. Creo que ciertos recuerdos están apegados a la capacidad misma de poder recordar.
No soy capaz de regresar en mis memorias al momento exacto en que supe que iba a tener  a mi primer hermana, Cecilia, pero sí rememorar la primera vez que la vi, a pocas horas de nacida. Yo tenía por aquel entonces 3 años y 7 meses y Ceci se convirtió en una especie de muñequita para mí.
Resultó difícil no poder jugar siempre con ella, la diferencia de edad era clara. Recuerdo sus primeros pasos, sus juegos en el corralito, su manera de ser, tranquila y adormilada.

Algo me resulta claro, más allá de todo, mis mejores recuerdos los tengo de más grande...

Un año después de que Cecilia llegara a mi vida, exactamente 10 días más tarde de que mi hermana cumpliera su primer añito, mamá dio a luz a Roma, mi hermana menor. Puedo revivirlo todo: el día que supe que iba a tener otra hermana, las visitas al médico junto a mi mamá para ver las ecografías, incluso la noche en que mamá explicó que no podría ir a la clínica como hice con Cecilia, que la visita sería más corta esta vez.
Cecilia me había traído de regalo al nacer (obviamente, comprada por mis padres), una muñeca enorme que descubrí junto a la bebé en la clínica. Esa muñeca estuvo durante años colgada en la puerta de mi placard. Era de brazos y piernas larguísimos, toda hecha en tela de colores blanco, azul turqueza y rosa. Sí, sus cabellos eran en verdad lana color rosa bebé.
Romina, en cambio, traía un wallkman, aunque lo recibí durante esa charla previa con mamá, porque en la clínica bien gracias si podría saludarla. Ese aparatito fue el detonante de mi amor por la música y mi hermana, sin saberlo, fue la responsable.

Roma llegó un 1º de octubre, a la mañana. Recuerdo que estaba en camino a cumplir 4 años y 8 meses y esperaba ansiosa mi siguiente cumpleaños. Ese invierno lo había pasado mirando series y documentales sobre animales en el  "Discovery Channel". El último capítulo, la misma noche en que mamá se internó para la cesarea de Romina, trataba sobre una familia de monitos, el cuidado de las mamá mono con sus hijos y cómo la familia de primates cuidaba de las crías con cariño.
Lo recuerdo perfecto porque, aquel día en que Roma nació, en el momento en que papá me llevó a ver a mamá y a mi hermanita, mis ojos, de niña más grande y capaz de ver más detalles, me permitieron descubrir grandes diferencias.
Cecilia había sido rubia, sus cabellos brillaban de color rojizo, era regordeta y su carita rosada. Era la típica bebé de foto, con pestañas arqueadas levemente y terriblemente tranquila para su edad.
Romina, en cambio, pesaba apenas 2,200 kilogramos y su piel era palidísima. Tan blanca era mi hermanita que las venas se le traslucían en los brazos y piernas, mostrándose como hilos verdes y azules. Sus dedos eran finos y largos, como si acaso en vez de manos con dedos, en sus extremidades hubieran dos arañas blancas. Y sus ojos... enormes ojos oscuros, vivaces, llamativos. Parecía que me miraba con atención, que sabía que yo era su hermana menor y que ella siempre sería la nena de la casa.
Recuerdo, muy exactamente, mi sorpresa al ver que Roma se parecía más a uno de esos animalitos que había visto la noche anterior que a Cecilia o a mí misma.
Y la frase salió casi sin quererlo: "Mamá, parece un monito recién nacido", murmuré mientras le sujetaba una manito y sonreía. Mamá murmuró que no debía decir eso de mi hermana y yo sólo hice una mueca, antes de darle un beso en la frente a esa bebé que no dejaba de mirarme con curiosidad.

Roma y Cecilia crecieron jugando juntas, metiéndose en líos, haciendo travesuras, cosas que yo nunca entendí, porque había años entre las tres que funcionaban a modo de barrera y más de una vez, ellas preferían estar juntas, porque se entendían a la perfección y no comprendían mis juegos o actitudes.
Sólo cuando yo tuve 12 años y mis hermanas 8 y 7, respectivamente, fuimos capaces de hacer cosas juntas sin problemas.
Con Cecilia nos llevamos de los pelos, peleamos a cada rato, por cualquier cosa. Nos defendemos ante otros, si es preciso, porque para eso somos hermanas, pero nunca logré ser su amiga, que ella confiara en mí y me contara lo que le pasaba, que me diera espacio para hablar con ella si lo necesitaba.
Roma, por su lado, se apegó a mí cuando nuestros padres se separaron. Me eligió como madrina de confirmación y nuestra relación creció aún más. Podemos jugar, reírnos, salir de compras, ella sabe mis gustos para la ropa, yo conozco los suyos... nos entendemos perfectamente y, a mis ojos, siempre será mi nenita, la que me hacía rabiar con sus locuras cuando eramos más peques, esa que me esperaba a que regresara de la universidad para contarme todo lo que había hecho en el día, la misma que hoy en día me hace reír hasta causarme dolor de estómago cuando me relata lo que hace en sus clases, mi hermana menor, con todas las letras...

Ceci y Roma siguen teniendo su lazo especial, esa unión que de chiquitas las llevó a hacerles creer a muchas personas que eran mellizas. Porque todo lo hacían juntas, incluso inventar peleas contra mí.
Cecilia siempre será mi primer hermana, siempre encontrará maneras de hacerme enojar (creo que así funciona mejor nuestra relación, cuanto más alejadas estamos y menos roces generamos). Roma nunca perderá su lugar de muñequita, aunque ya no puedo levantarla en brazos, aunque -al igual que Cecilia- me saque casi media cabeza de estatura y mire hacia abajo cuando quiere hablarme observándome a los ojos.

Mi emoción a flor de piel radica ahí... en la sensación de felicidad que siento cuando descubro que no podría imaginar la vida sin mis hermanas, a pesar de los gritos, las guerras armadas por tonterías, los enojos sin sentido... a pesar de todo, ellas son el mejor regalo que mis padres me dieron.
Roma hoy cumple 21 años,  y la emoción a flor de piel renace con más fuerza. Mi bebé es mayor de edad, ya nunca me correrá por la casa gritando y llorando porque quiere abrazarme y besarme y yo me niego, como sucedió tantas veces cuando aprendió a caminar. Ya no querrá imitarme y usar ropa parecida a la mía o peinarse como yo, simplemente porque me idolatra y ve como lo máximo, como hizo luego cumplir los 2 años. Ya no necesitará que la abrace hasta dormirse o le haga cosquillas hasta el cansancio...
Siempre será mi peque, la impaciente, que odia ver que yo me retraso con algunas cosas. Como ahora, que espera que la salude por su cumple y ni sabe que estoy escribiendo estas líneas.

Sólo espero, algún día, ella y Cecilia entiendan que, más allá de todo, a pesar de las diferencias o las peleas, las amo con todo mi corazón. Ver a Roma ya mayor me hace pensar que nunca más precisará de mi ayuda para nada y me causa emoción saber que es independiente y no me necesita en absoluto. Cecilia siempre fue más liberal, nunca recurrió a mí para escudarse, aunque la defendí más de una vez, ella nunca llegó a saberlo.
Roma siempre fue más tierna, más pegota... verla adulta me recuerda todo lo que ya no vendrá y me causa el llanto fácil. Mi nena cumple 21 años!!! creo que nunca va a llegar a comprender lo maravilloso que fue para mí haberla visto crecer a mi lado...

La emoción a flor de piel me inunda y ya no puedo seguir escribiendo.
Tan solo puedo decir, mi querida Roma, que te deseo le mejor cumpleaños del mundo.
Te adoro, no lo olvides nunca.



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5 comentarios :

bruha_brujah dijo...

Esas sensaciones son exactas a las vividas por mi,me has hecho recordar,sonreír y llorar contigo.Nunca pienses que no te necesitará,lo hará pero de forma distinta.
Felicidades Roma por haber superado el nivel 20,ahora a por el 21!

y a ti preciosa por como sientes,por como eres y porque además de ellas dos tienes más hermanas que te quieren .Besos!!

yesi dijo...

feliz cumple chiquita¡¡¡
Es de valorar las palabras de una hermana a hermana. es un vinculo hermoso que solo una madre puede dar. pero solo ellas pueden construir un enlace de nunca acabar.
besos a las dos, las quiero¡¡

Bilingord dijo...

Feliz cumple Roma!!!
Muy lindo lo que escribiste Erz, lleno de amor sincero. Simplemente me encanto. Que la pasen lindo en ese cumple :)!

~D@nL!n~ dijo...

Feliz cumpleanios!

Seguro que ella tambien te quiere, seguro que ella tambien en realidad sabe lo mucho que le quieres, seguro que nunca dejaras de tenerla como la hermanita de siempre, que ella madure no quiere decir que vayas a perder muchas de las cosas que de pequenia ella hacia. Seguro que lo hace, pero expresado de otra forma. Solo tienes que notarlo . ^.^

Feliz cumple! Diselo de mi parte, vale? Y que todos sus deseos se cumplan!

Danlin, TKM!

MAP!!!

Selin dijo...

Enhorabuena. A ambas. A la homenajeada y a la autora. :-)