miércoles, 26 de enero de 2011

Capítulo 6: De Amores y Desencuentros

Anabelle y Daniel hablaron durante horas. Ella contando sobre su niñez, su familia y la historia de sus antecesores, él preguntando siempre que sentía curiosidad o quedaba con alguna duda.
La noche llegó rápidamente.


Luego de la cena, Daniel acompañó a Anabelle a su cuarto y se retiró a descansar. Necesitaba decidir qué hacer. ¿Le confesaba la verdad a su amada o mantenía el engaño un poco más?
Él sabía bien que la amaba. Estaba ciego, sordo y hasta podía perder el habla por esa encantadora joven que había robado su corazón. Pero aún tenía miedo de no ser correspondido o de interpretar erróneamente las sonrisas y miradas que ella le regalaba de vez en cuando.


Anabelle, por su lado, sentía una desesperación sin medida. A cada momento se veía más y más cerca de Daniel y sentía sensaciones que nunca jamás había experimentado. Se veía como una traidora, disfrutando de la hospitalidad de la casa del Duque y enamorandose de Daniel.
Esto no iba bien...


Daniel dio varias vueltas en su cama, discutiendo consigo mismo sobre qué hacer. Al final, consideró adecuado decir la verdad. Si ella lo quería, entendería todo. Sino, la perdería para siempre...


El sol de la mañana encontró a Anabelle despierta. Había pasado sus buenas horas pensando qué hacer con lo que sentía. Tenía una decisión tomada debía decírselo urgente a Daniel. Cuántos antes mejor...


Cuando Daniel llamó a la puerta de Anabelle, ella ya estaba preparada. Su vestido celeste estaba bien ceñido a su cintura, su cabello recogido prolijamente y su mirada denotanto una preocupación inusual.
Daniel, en cambio, estaba ansioso, muy ansioso...
Cuando él pidió de hablar un momento en privado con ella, Anabelle sintió que el destino la estaba acompañando.


Ya en la biblioteca, Daniel buscó de sentarse en el mismo sofá que la joven que amaba, guardando las distancias por educación, claro está.
Suspiró, nervioso, y comenzó a hablar:
-Necesito decirte algo...
-Yo también- replicó veloz Anabelle.
Daniel tragó saliva, aún más nervioso que antes.
-Las damas primero- murmuró, procurando ocultar su ansiedad.


Anabelle observó a Daniel en silencio. Recorrió con su mirada los rasgos marcados y perfectos del rostro de ese muchacho que tanto le estaba importando. Se maravilló al perderse en su mirada y tuvo que reprimir un suspiro al imaginarse envuelta en sus brazos y probando sus dulces labios.


-Yo... Necesito confesarte algo- comenzó diciendo.
Daniel intentó no sonreír, poniendo mucho esfuerzo lo logró considerablemente. ¿Y si Anabelle le confesaba su amor? Eso sería algo maravilloso...


-Daniel, es mi deber decirte que...- la joven suspiró- Necesito pedirte que ya no me des clases, que no te acerques de ninguna manera a mí. No quiero verte ni hablarte. Sólo quiero que este mes pase de una buena vez, que llegue el Duque y yo me discúlpe para poder regresar a mi hogar.
Daniel sintió que una nube negra se detenía sobre su cabeza y estallaba una pequeña tormenta sólo sobre él.
Hubiera esperado cualquier cosa, menos esto. ¡Ella le pedía distancia!


-Pero...- comenzó a decir, Anabelle le detuvo.
-No tengo ningún problema, entiendo el trato que hizo mi padre. No me molesta vivir aquí durante un mes, pero no quiero estar contigo, compartir tiempo a tu lado ni tenerte a solas como ahora...- ella hablaba con tono frío y Daniel cada vez se sentía peor.
-Pero...- volvió a decir y una vez más, Anabelle cortó su frase.
-Pero nada. Comprendo tu deber para con el Duque. Te lo haré simple, dile que no te soporto, que no te quiero ni me agradas.
Daniel comenzó a ver borroso. Los nervios estaban ganando la partida...


-Es la verdad- continuó Anabelle- No quiero tener nada que ver contigo. No te quiero cerca mío en ningún momento. Te detesto...
Sonó convincente. Ella lo sabía. Nunca se había esforzado tanto por mentir. Y era una mentira terrible... Más Daniel creyó cada palabra y no era capaz de aceptar todo aquello.


-Vale- dijo, cuando recuperó el habla luego de varios minutos- Si esa es tu petición, así será...
Cubriendo toda emoción con una barrera de frío y denso hielo, el joven Duque se puso de pie, hizo una reverencia y salió de la sala.
Antes de cerrar la puerta anunció:
-Tendrás nuevo tutor, por ahora, ve a desayunar.
Sin mirar siquiera a Anabelle, tomó camino hacia su despacho.
Anabelle, en tanto, estallaba en llanto. Acaba de decirle al hombre que amaba que lo odiaba. Acaba de enterrarse viva y sentía que el mundo caía sobre ella sin piedad.


Más en el castillo, los pasillos escondían miradas y oídos secretos.
Daniel tenía un ángel guardián que no dudaba en ayudarlo. Un mejor amigo dispuesto a todo por él... Ser tutor no le molestaría. Sacar a la luz los verdaderos sentimientos de Anabelle, tampoco.

6 comentarios :

Teles dijo...

Oh my God!!!! Esa no se la esperaba Daniel!!! Ahhhh!! con lo cerca que estaba de decirle la verdad!!!Ahora a ver qué hace el nuevo tutor :-)
Un besazo
T.

lauriii!!! dijo...

por que???!!!eh?, porq tuvo q decirle las damas primero???!!!si solo le ubiese dicho q le amaba!!!jajaja..m qde en shock, Erzengel!!!jaja...Besos!

Violeta dijo...

O.O, porque? Si que me has dejado con intriga ahora.

Andrea dijo...

Ö Erz! me encanta :D pero el Cap es demaciado Corto! jeje la intriga me vuelve algo loca ;) Felicitaciones una vez más por tu trabajo Querida Erz :)
Un besote
Andrea

Yarit dijo...

Hay, estoy intrigadisima! que va a pasar? me quede con los nervios de Daniel en el cuerpo. Que tonto por que no se lo dijo de una sola vez, o por que no le dijo que eso no le importaba que el la amaba... que desesperación!

~D@nL!n~ dijo...

OMG! O.O

Angel de la guarda? Esa no me la esperaba ni en broma!!! Me has pillado jaja.

Danlin, TKM!

MAP!