miércoles, 30 de junio de 2010

Vacaciones: OS regalo para Lullaby


Este OS es un regalito para Lullaby, una buena amiga y excelente escritora que he conocido en este mundo bloggeril...
Aviso de antemano que el relato contiene contenido de carácter sexual y por lo mismo, si eres menor de edad o no te agrada leer este tipo de historias, por favor, no sigas con la lectura.

Vacaciones

-Vamos, Lu... Ayúdame a cargar estas maletas...- dijo Erzengel, mientras me veía bajar el taxi con lentitud.
-Erz, estamos de vacaciones... Todo a su tiempo...- repliqué con una sonrisa.
Mi amiga suspiró y sonrió también. Yo llevaba la razón...
Entramos al apto y comenzamos a recorrerlo.
El lugar era hermoso. Perfecto...
Incluso, desde la cocina podías acceder a un balcón y ver desde allí la piscina que pronto disfrutaríamos.
Me dediqué a sacar mi ropa y ordenarla en el armario, Erz seguía paseando por la casa.
Terminé y comencé a buscarla, al verificar que su equipaje estaba intacto.
La encontré al fin en el balcón, mirando casi hipnotizada, un punto que yo no alcanzaba a ver.
-Erzengel... ¿qué te...?- mi pregunta se cortó repentinamente, mientras comprendía la razón de la quietud de mi amiga.
Frente a nosotras, en el balcón vecino, dos muchachos hablaban entre sí sin percatarse de nuestra presencia.
Ambos tenían alturas semejantes. Pero eran bien distintos...
Uno de ellos poseía un físico envidiable. Aún con su camiseta y su pantalón, podía adivinarle su marcada musculatura.
Sus cabellos, de un rubio apagado, brillaban al sol.

El otro muchacho parecía más delgado que su compañero.
Sus cabellos cobrizos resplandecían cuando el sol lo iluminaba...
Su rostro parecía tallado en la perfección.
Como si algún dios griego quisiera hacer de él un adonis ideal. Cada rasgo, cada gesto, eran simplemente maravillosos.
Si. La perfección tenía cuerpo y forma en ese muchacho. Lo comprobé cuando se quitó su camiseta y pantalón y sólo quedó en traje de baño.
Su amigo hizo lo mismo y Erz y yo no pudimos reprimir un gemido al verles así, tan hermosos.
Ellos no nos veían... Tampoco nos escucharon.
Comprendí, cuando entraron de regreso a su apto, que no se dieron cuenta de nuestra presencia porque en los laterales de nuestro balcón había colocado grueso vidrio polarizado.
Nosotras podríamos mirar cuanto quisiéramos... Ellos nunca se enterarían.
-Son hermanos...- dijo Erzengel, casi en tartamudeos.
La miré sorprendida. ¿Cómo sabía mi amiga eso?
-La mujer que me alquiló el apto me comentó que dos hermanos de apellido Cullen había alquilado el apto nº7, el que yo quería, y por eso debíamos tomar el apto nº8...- explicó, como leyendo mi pregunta en los ojos.
Asentí en silencio. Aún no podía quitar de mi cabeza la imagen de ese chico en traje de baño... Sus abdominales marcados, sus brazos fuertes... imaginarme junto a él, sintiendo su cuerpo contra el mío…
Su hermano tendría la musculatura bien desarrollada, pero él no se quedaba atrás.
-El de cabellos rubios es un ángel... Nunca pensé ver algo tan hermoso...- Erz seguía hipnotizada.
-No... El de cabellos cobrizos es más apuesto. Su rostro es un paraíso para la vista...- dije, sonriendo.
Erzengel suspiró y encogiéndose de hombros dijo:
-Bueno... No veo otra opción más que salir, divertirnos... Porque no me imagino conquistando al rubio...
Comenzamos a reír a la par.
Si... Eran nuestras vacaciones... Merecíamos divertirnos...
Durante el día nos dedicamos a ordenar el apto y descansar. Sería nuestra primera noche allí y queríamos ir a bailar.
-Bueno... ¿Como me veo?- preguntó Erz, mientras giraba lentamente para mostrarme su atuendo.
Un pantalón ajustado, blusa blanca bien escotada y tacos altos.
-Mmm... ¡Sales a matar!- respondí, mientras me acomodaba mi mini vestido rojo- Igual que yo...
Tomamos nuestras carteras y pedimos un taxi. La noche era joven y nosotras, como buenas chicas, queríamos divertirnos...
Según nos dijo el taxista, el mejor lugar para bailar era un boliche llamado "Candente". Erzengel se mostró entusiasmada simplemente por el nombre del lugar y pidió de ir allí. Seguí su corazonada, mi amiga solía tener buenos presentimientos...
Ni bien entramos comprobé que Erzengel no se había equivocado con su intuición. El lugar era perfecto para una buena noche de diversión.
Y aún más cuando descubrimos a los Cullen sentados en la barra, tomando un trago.
Miré a Erz y sonreí.
Mi amiga me miraba con un brillo pícaro en sus ojos.
La música sonaba fuerte. Reggaeton...
Ella Es Ese Sueño, Que Tuve Despierto, Un Recuerdo Leve De Esto Que 
Siento…” 
cantaban los alto parlantes, mientras nosotras caminábamos hacia la pista.
Cerré los ojos y me dejé llevar. Me encantaba bailar y Erz era tan fanática como yo...
Nos movíamos provocativas, sonriéndonos la una a la otra.
Para despertar a los lobos éramos excelentes caperucitas…
Varios chicos que estaban cerca nos miraban bobos, mientras mi amiga y yo contorneábamos nuestros cuerpos al ritmo de la música. Era divertido provocarlos, verlos así, deseándonos.
La canción terminó y comenzó otra...
One-two-three-four, Uno-dos-tres-cuatro, I know you want me (want me), 
You know I want cha (want cha)”
-¡Si!- gritamos a la par Erzengel y yo, y nuestros movimientos se hicieron más provocativos.
Nos movíamos como dos tigresas, y era sencillo menear nuestros cuerpos saboreando la música y las miradas de quienes nos rodeaban…
“Rumba ¡Si!, Ella quiere su Rumba ¿Cómo?”
De solo mirar a Erz sabia que ella se divertía sintiendo que los hombres a nuestro alrededor se estaban perdiendo en llamas por nosotras.
Ese poder que te hace sentir magnifica al ver que alguien te desea… era excitante…
Alguien tomó la mano de mi amiga y ella giró, para mirar quién era.
No pude comprobar de quién se trataba. Porque mientras observaba a Erz, alguien rodeó mi cintura con sus brazos.
Giré mi rostro y miré al muchacho que sonreía mientras se movía a la par mío.
Era... El chico Cullen. Uno de nuestros vecinos.
Su piel blanca, sus cabellos cobrizos brillaban bajo las luces intermitentes.
Y su cuerpo, ardiente a mi parecer, rozaba con el mío en algunos movimientos…
Dios… qué delicia… ¿Cómo no imaginarme a su lado, sintiendo su cuerpo magnifico y perfecto sobre el mío? si estaba allí, tan dios, tan héroe, junto a mi…
-Hola...- dijo, con voz grave y sensual- Mi nombre es Edward...
Sonreí y manteniendo la compostura, algo que era muy difícil frente a ese ser hermoso y perfecto, sólo susurré:
-Yo soy Lullaby...
Y ya no hablamos, sólo bailamos lo más cerca posible el uno del otro.
Mi cuerpo meneando contra el suyo, ardía ante sus leves contactos… y cuando me estrechaba contra él, para menear hasta abajo juntos, uff…. Solo deseaba estar con él en otro lugar, lejos, solos y sin ropas que nos estorbasen… ese sería nuestro mejor baile, sin duda alguna…
Pude ver de refilón cuando Erz se fue del boliche junto al otro muchacho Cullen. Mi amiga me sonrió y guiñó un ojo antes de cruzar la puerta de salida.
En ese momento preciso, pude sentir los labios de Edward rosando mi cuello, mientras susurraba a mi oído:
-Mi hermano me robó la idea… pero tenemos la casa para nosotros… si quieres moverte a la par mío y gozar más…
Le miré atónita. ¿Como podía él dudar que yo no querría saborearle en privado? Si solo había pensado en eso desde que lo había visto en el balcón de su casa, esa misma mañana…
Erz y yo nunca habíamos sido de esas mujeres que se van con el primero que las invita. No nos regalábamos fácilmente. Pero luego de haberle visto en traje de baño, luego de contemplar su belleza así, tan perfecta que hasta parecía imposible, no había podido dejar de pensar e imaginarle... y mi imaginación era tan visual… que de alguna forma yo misma me había provocado de solo pensarle.
Ahora, cuando él me invitaba a estará solas conmigo, ¿Cómo negarme? Si era lo que había deseado todo el día…
Y seguramente, Erz pensaba lo mismo que yo. Por algo ella ya estaba fuera, tal vez en nuestro apto, gozando de su chico.
Sonreí, provocativa y Edward entendió mi gesto.
Rodeo mi cintura con un brazo y me condujo fuera, donde su auto, un hermoso Volvo plateado, nos esperaba para llevarnos al apto del cual yo bien conocía la dirección.
Llegamos al apto en cuestión de minutos. Edward era un excelente conductor y había manejado tan rápido como le fue posible, como si estuviese él también deseoso de estar conmigo.
Antes de entrar a su apto, me llamó la atención un Audi r8 color negro fuera del apto que alquilaba con Erzengel.
-Ese es el coche de Jasper, mi hermano…- dijo Edward, sorprendido.
-Si… y ese es nuestro apto…- repliqué, con una sonrisa tímida.
El muchacho me miró fijamente, y una sonrisa se extendió en su rostro.
-Bueno, mejor… así sabré dónde buscarte mañana para invitarte a salir nuevamente...
Dios… él pensaba invitarme a salir… ¿no solo pretendía estar conmigo hoy? Esto era lo mejor que me podía haber pasado… y pensar que Erz había tenido casi que rogarme para que saliéramos de vacaciones…
Entramos al apto en silencio.
El lugar era exactamente idéntico al apto que mi amiga había alquilado. Todos pertenecían a la misma persona, era entendible si eran iguales unos aptos a otros…
Mientras pensaba en esas trivialidades, Edward desapareció. Regresó sonriendo mientras la música comenzaba a sonar en la sala.
Ahora, con mucha más luz de la que había en el boliche, pude maravillarme aún más de su belleza.
El pantalón negro que llevaba puesto marcaba su trasero de una forma muy sensual. ¿Sabría él ese detalle? ¿O justamente, lo usaba a propósito, a sabiendas de las mujeres podíamos desvivirnos por él con sólo mirarle?
Y su camisa de seda azul... Dios... Podía ver cómo la tela se marcaba levemente allí donde sus músculos querían hacerse notar.
Suspiré y no pude evitar jadear mientras me imaginaba arrancándole la ropa.

Edward caminó hacia mí y rodeó mi cintura con sus fuertes brazos.
Me miró y pude descubrir la pasión ardiendo en sus encantadores ojos verdes. Mirarle era perderse en un paraíso… y para mejor, él me deseaba tanto como yo a él...
Lentamente su rostro se acercó al mío. Llevé mis manos a su nuca y lo atraje hacia mí.
Me sentía en trance, como si estuviera viviendo un sueño...
Sus labios rozaron los míos y me estremecí cuando sentí su lengua abriéndose camino para encontrarse con la mía.
La música seguía sonando, como marcando el ritmo, mientras nuestros labios se saboreaban entre si, mientras nuestras lenguas bailaban a un tempus que comenzó tranquilo y suave a terminó por convertirse algo frenético, cargado de pasión y deseo.
Mis gemidos no tardaron en hacerse escuchar y me maravillé al escuchar que Edward también gemía...
Sus manos comenzaron a pasear por mis curvas. El roce de la yema de sus dedos con mi piel era exquisito... Millones de pequeñas descargas eléctricas llegaban hasta mi cerebro desde las terminaciones nerviosas de mi epidermis.
Podía sentir el paso de esas descargas a través de mi cuerpo, mientras Edward continuaba en su recorrido por mi piel.
Su labios se alejaron de los míos, pero sólo para comenzar a besar mi cuello.
Entre jadeos y gemidos, desabroché los botones de su camisa y acaricié la suave y blanca piel de su pecho.
Si los ángeles existían, sin duda debían de envidiarle... O tal vez él era un ángel y no lo sabía.
Si. En verdad su belleza rayaba lo imposible...
Fácilmente le quité el cinturón y desprendí el único botón de su pantalón. Mientras mordía sus hombros bajé el cierre de su cremallera y sonreí al escuchar el gemido de Edward.
Sus manos ahora estaban dedicadas a quitarme el vestido diminuto que llevaba puesto.
Sólo un instante más tarde lo tenía ahí, frente a mí tan sólo con sus bóxers negros.
Y yo sólo lucía una pequeña colaless de encaje, a tono con mi vestido.
Edward me tomó por las nalgas y me cargó, mientras yo rodeaba su cintura con mis piernas.
Nuevamente nuestros labios se habían encontrado y me resultaba imposible alejarme de él...
Comenzó a caminar conmigo aferrada a su cuerpo, directo hacia su habitación....
Junto a la cama se detuvo y me ayudó a ponerme de pie.
Sonrió mientras me empujaba levemente sobre la cama...
-Cariño... Quiero hacerte disfrutar...- susurró en tanto besaba mi cuello y comenzaba bajar por mi clavícula, directo a mis senos.
Mientras sus labios y lengua se enfocaban a hacerme gozar lamiendo, mordiendo, succionando uno de mis pezones; su mano se encargaba de mi otro seno, dibujando círculos en él, acariciando, apretando, haciéndome gemir aún más.
Mi cuerpo se arqueaba hacia él, pidiendo más, reclamando más...
Su mirada se encontró con la mía mientras sus manos descendieron por mi vientre y llegaron a mi entrepierna.
Besó mi bajo vientre a la par que me quitaba la diminuta porción de tela que cubría mi intimidad.
Estaba completamente desnuda y sólo para él.
Sus labios pasearon el interior de mis piernas mientras con sus dedos separó mi intimidad y me penetró.
Los gemidos surgieron más fuertes y violentos. Era increíblemente placentero sentir sus dedos moviéndose dentro de mí, entrando, saliendo, haciéndome gozar.
Sus dedos comenzaron a moverse aún más rápido mientras su lengua saboreaba mi humedad y encontraba mi clítoris...
Cielos... No había palabras para describir tremendas sensaciones.
Su lengua jugando con mi botón de placer y haciéndome gritar más y más fuerte.
Y en el punto máximo, donde ya mis músculos se contraían y estaba a sólo un paso de alcanzar el orgasmo, se detuvo. Me miró provocativo y levantó una ceja, como preguntándome si quería que siguiera.
Cerré mis ojos arqueé nuevamente mi espalda, mientras un murmullo salía de mis labios:
-Por... Favor...

Edward acercó su rostro nuevamente a mi intimidad, pero esta vez sólo utilizó su lengua... Podía sentirle, degustando la ambrosía que mi interior generaba excitado por su contacto ardiente.
Sus movimientos sensuales dentro mío me hacían estremecer más y más... Hasta que mi pude sentir esa oleada de calor, hasta que temblé bajo sus caricias y llegué al clímax.

Ahora, sólo podía pensar en hacerle gozar yo a él...
Subió hasta mis labios y me besó con pasión mientras yo le empujaba para quedar encima.

Besé su cuello, su pecho de porcelana y deslicé mi lengua por sus marcados abdominales mientras mis manos bajaban directo a sus bóxers.
Su erección era evidente. Parecía que la tela se rasgaría de un momento a otro.
Sonreí, mientras observaba a Edward cerrar los ojos y entregarse al goce.
Rápidamente sus bóxers cayeron al suelo y me maravillé al ver su miembro tan firme y duro, sólo para mí.
Mis manos recorrieron en toda su extensión la erección que yo misma había provocado.
Mis ojos se encontraron con los de Edward, que parecían prendidos fuego.
Sonreí, provocativa y comencé a jugar, deslizando mi lengua por su miembro, saboreándolo.
Edward gimió.
-Lu... Lla... By... Por favor...
Me detuve en pleno juego para mirarle.
Suspiró y se enderezo, buscando besarme.
-No quiero terminar así... Quiero estar dentro tuyo...- susurró, mientras me tomaba por las caderas y me hacia girar.
Nuevamente lo tenía encima mío, besándome, acariciándome...
Sus manos separaron mis piernas suavemente mientras su bajo vientre se acercaba al mío.
Lentamente su erección penetró mi intimidad y un gemido fuerte sonó en mis labios, nacido de lo más profundo de mí ser.
Comenzó a moverse lento, llegando profundo.
Mi espalda se arqueaba hasta el límite de lo imposible ante sus embestidas.
Era el cielo. Esto era el cielo. No estaba equivocada al pensar que él era un ángel o algún dios desconocido.
Nunca antes había sentido nada así...

Sus movimientos se tornaron más rápidos y fuertes y mi respiración se hizo aún más entrecortada entre tantos gemidos.
Por momentos sus labios recorrían mi cuello, mis hombros, jugaban con mis senos... Por momentos nuestros cuerpos se movían sincronizados y deseosos de más, mientras nuestros labios se gozaban mutuamente fusionados en un interminable beso.

Los gemidos, gritos y jadeos debían de escucharse incluso en los aptos vecinos. No me importaba, esto era lo mejor que había sentido en toda mi existencia...

Buscando tomar el control, lo empuje suavemente, y giramos sin separarnos en ningún momento.
Quedé encima suyo y comencé a menearme, contorneando mi cuerpo, sintiéndole estremecerse debajo mío.
Cerré los ojos y sentí sus caricias mientras contraía mis músculos internos y su miembro se endurecía aún más ante mi estrechamiento.
-Oh... Amor... Eres increíble...- dijo entre jadeos y me tomó por las nalgas para atraerme más hacia él, ayudándome en mi movimiento.
Levantó levemente sus caderas, haciendo la penetración más profunda y sonrió, gozando de mis subidas y bajadas.
Entre gemidos se sentó y me estrechó junto a él, moviéndose rápido, profundo.
La música llegaba a mis oídos desde la sala y Edward parecía moverse siguiendo el ritmo, bailando dentro mío, haciéndome ver las estrellas.
Sus labios nuevamente saborearon los míos mientras los gemidos se hacían más y más fuertes.
Arqueé mi cuerpo contra el suyo y sentí mi bajo vientre contrayéndose de forma involuntaria, mientras Edward temblaba y susurraba mi nombre con adoración.
Llegamos a la par y caímos en la cama abrazados.
Su sonrisa era la imagen más hermosa mientras me acariciaba la espalda.
-Cariño... No quiero alejarme nunca de ti... Eres maravillosa...- susurró mientras mis ojos se cerraban a causa del cansancio luego de tanta actividad.
Me hundí en un sueño hermoso, sonriendo por estar en brazos del hombre más guapo, sensual y perfecto del mundo.
-Lullaby… vamos, Lullaby… despierta…- la voz de Erzengel me hizo volver en si.
Abrí los ojos confundida.
-Ya llegamos… vamos, no solo dormiste en el avión, también todo el camino desde el aeropuerto… ahora, ayúdame con las maletas…- pidió, mientras el taxista reclamaba su paga.
Suspiré, enojada conmigo misma.
Había vivido emociones increíbles… y solo era un sueño… ¿Existiría alguien así? ¿Alguien como Edward?
Bajamos el equipaje y el taxi arrancó.
Ahora debíamos subir los cinco escalones hasta la puerta del apto con todos nuestros pesados bolsos.
-Chicas… ¿quieren ayuda?- preguntó una voz sensual, bastante familiar a mis oídos.
Erz y yo giramos a la vez y miramos sorprendidas a los dos muchachos del apto continuo al nuestro, que nos sonrían, divertidos.
-Mi nombre es Jasper, Jasper Cullen…- dijo uno de los muchachos, de cabellos rubios y ojos azules, mientras le tendía su mano a Erzengel.
Mi amiga le miro, hipnotizada y solo atinó a sonreír.
-Yo soy Lullaby, ella es Erzengel…- dije, en susurros, atónita ante la idea de encontrarme con los muchachos con los que había soñado hacía unos momentos.
Pero ni Jasper ni Erzengel me prestaban atención, hablaban entre en murmullos, sonriendo a cada momento.
Solo el otro muchacho, de cabellos cobrizos, me miraba fijamente.
-Soy Edward… y es un gusto conocerte... aunque, ¿sabes? Siento como si ya te conociera de otra parte- dijo, mientras se acercaba a mi lado- O podemos intentar conocernos más y mejor… ¿te gusta bailar? Podemos ir aun lugar que conozco…
Sonreí maravillada y asentí, mientras Edward cargaba mi equipaje y me acompañaba a la puerta de mi apto.
Erzengel y Jasper seguían hablando entre si, metidos en su burbuja personal.
Y yo no podía dejar de sonreír, feliz ante la idea de poder continuar luego mi sueño… si ya la primera parte se había cumplido, era muy factible que el resto también ocurriese...
Fin.

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